Un nuevo espacio

Continuamente se realizan estudios sobre la sociedad, para entender, para investigar... o sea, para saber más: quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes seremos.

 

“Aquí, hoy, quiero hacer algo…¿pero qué?”

Esto es el estado del ánimo de muchos chicos que se asoman a la vida y que aún han de encontrar sus rutas: se desea hacer, se desea decir, simplemente uno desea expresar a sí mismo y comunicar al mundo: “¡hola, yo también estoy aquí!”

Nosotros queremos dar espacio a estas voces, porque fueron, son y seguirán siendo importantes, ¡siempre!

1968 se recuerda como un año rico de protestaciones juveniles, que luego en cada país adquirieron acepciones diferentes: para los países del pacto de Varsovia, por ejemplo, las manifestaciones estaban a favor de la libertad de expresión; en los Estados Unidos había luchas contra la guerra de Vietnam y a favor del reconocimiento de los derechos civiles de los negros; en Francia las manifestaciones adquirieron tintas violentas, de hecho en el mayo del 1968 se protestaba contra un proyecto gobernativo que preveía una racionalización del sistema escolar, para que éste se ajustara a las exigencias de la industria; en Italia, a partir de las reivendicaciones juveniles, subestimadas por los políticos y por la prensa, la protesta se exstendió al mundo de los trabajadores.

Las nuevas generaciones, como hemos visto, perciben como nadie las temáticas sociales y se hacen cargo de ellas.

Nuestro futuro está en las manos de los jóvenes, entonces ¿no sería el caso de conocerlos?

Y es precisamente esto lo que queremos hacer: darles carta blanca para contarnos y “contarse”, echando una mirada hacia el mañana, NUESTRO MAÑANA!

 


SI QUIERES CAMBIAR EL MUNDO

DEJA QUE EL MUNDO TE CAMBIE

(de la pelicula ‘Diarios de motocicleta’ dirigida por Walter Salles)

¿Cómo participar?

Envia tu texto (maximo 800 palabras) contarnos “quién quieres ser” dirigido por correo electronico a Beltrán Gambier, director de la revista Intramuros (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) indicando en el asunto: 

QUIÉN SEREMOS… PREPARANDO EL FUTURO.

Invia una copia del texto a Jessica Scortichini (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

Idea de este espacio: Jessica Scortichini

TEXTOS RECIBIDOS:

Autobiografía mínima de Nicoletta Scola

Nací en el mes de mayo, mes de las flores y mes de María, como diría mi querida abuela paterna, la persona que más he amado en este mundo (algunas veces más que a mis padres, lo confieso) y cuyo nombre llevo con mucho orgullo. Era maestra infantil, y, por ser su nieta, en aquellos años en la escuela, fui un poco mimada. Íbamos siempre juntas, a la escuela, de compras, a misa. Su amor por Dios era tan grande, seguro que quería transmitirlo a todo el mundo, y a mí en particular por ser su primera nieta. Me llevaba consigo cada tarde del mes de mayo en un patio donde se reunía con sus amigas para rezar el rosario. Mientras estuvo viva me complacía acompañarla a todos los lugares sacros a los que le encantaba ir. Pero, al pasarse a otra vida, me pareció como si aquel Dios tan bueno del que ella siempre me hablaba, me había decepcionado, quitándome la persona más importante que tenía. Fue la cosa más triste que me ha pasado en la vida hasta ahora, eso sí, pero el recuerdo de ella me acompaña siempre, y estoy segura de que su hijo, mi padre, ha eredado de ella su infinita bontad.

Con tan sólo 25 anos y una vida bastante simple cuesta más redactar una autobiografía, además que cuente con 1000 palabras.  Es verdad, pero, que siempre me ha fascinado escribir, fijar mi vida sobre papeles, para volver a leerlos después de un tiempo, emocionarme, recordar y añorar lo que ya no es. Al cumplir los 13 años una amiga de mi madre me regaló un diario personal donde, día tras día iba anotando lo que me pasaba: amores, desepciones, triunfos, fracasos, deseos… Y desde entonces no he parado de escribir. Lo de escribir encajaba muy bien con lo que quería ser de mayor: primero escritora, y luego profesora. Los dos oficios en realidad me decepcionaron.. Después de un tiempo me di cuenta de que escribir sobre mi, porque era esto lo que más me gustaba escribir, no me habría llevado muy lejos…¿a quién le importarían los cuentos de una adolescente?  Así que mejor me veía como profesora. Me hacía mucha ilusión jugar con mi hermano y mis primas, fingirme yo profesora y, los pobres, alumnos, aguantando mis explicaciones y sacando , a la vez, malas notas. Aunque pude conseguirlo en la realidad, lo de ser profesora también me dejó un poco frustrada: por parecerme más a una alumna que a una profesora los alumnos muchas veces acababan viéndome como una de ellos, y no me hacían mucho caso a la hora de aprender.

Mi otra pasión desde muy pequeña, quizás antes de tener un diario, fueron los idiomas. Siempre me había fascinado el hecho que una palabra tenía muchas maneras para expresarse a según de los diferentes paises. Me acuerdo de cuando iba a vernos nuestro tio de Inglaterra. Me sentaba a su lado y no le dejaba ir antes de que  hubiera contestado a todas mis preguntas: -que cómo se dice esto en inglés, y cómo es este otro?-

 Luego, con el apoyo de unos cuantos profesores en la secundaria, y gracias sobretodo a mi trabajo de autodidacta y a mi “amor platónico” por los Estados Unidos, pude alcanzar un buen nivel, tanto que era conocida entre mis companeros como “la americana”.

Cuando llegaron los años de la universidad, a pesar de los estudios científicos que hice en el bachillerato, lo tenía todo muy claro: quería ser traductora. A la hora de elegir mi segundo idioma, sin ni siquiera saber el porqué, elegí el español, que dentro de muy pocos años pasó a ser mi primer idioma, dejando a un lado el inglés. Fue amor a primer “oido”, aun recuerdo el primer día de clase, esos sonidos tan simpáticos y melódicos a la vez. El hecho de estudiar idiomas me daba como la oportunidad, o más bien la ocasión para viajar, y si los EEUU no estuvieron a mi alcance por estar tan lejos, España parecía estar como detrás de la esquina.

En 2005 cumplí mi sueño, el primer viaje al país de que me había enamorado así de repente, y desde entonces no ha pasado ni un año sin viajar a lo que me gusta llamar mi país, aunque soy al cien por cien italiana. Lo que más me gusta en mis viajes a España, que me emociona cada vez que voy,  es que todo lo abstracto de los tantos libros leídos y estudiados parece tomar consistencia y hacerse realidad. Ver tan solo una calle que se llame de la misma manera de un autor casi desconocido a los demás, y que yo he leido en alguna pagina, casi me conmueve, y no exagero. Para algunos todo esto podría parecer ridículo, y, claro podría estar de acuerdo, pero para los que como yo cultivan una pasión, una afición, un amor, no lo es.

Este “amor” por España y el español lo he ido transmitiendo como una enfermedad positiva a una pequeña parte de mi familia: a mi madre, que con tan sólo escribir y leer cartas a un amigo lejano ahora lo habla bastante bien, y a mi prima, la misma que jugaba a ser mi alumna, y que en cierto sentido sigue siéndolo.

Desde aquel primer viaje a España mi vida cambió, ya no era la chica a la cual le daba miedo salir sola por las calles, preguntar cuánto valían las cosas o algo parecido. Mi evolución, mi cambio se produjo a través de estos numerosos viajes, siempre en alguna ciudad española y siempre acompañada por alguna amiga, por cierto. Hasta que un día se me planteó la ocasión de una vida, la de trabjar en la capital española, gracias a una beca de mi universidad. Por primera vez en toda mi vida he sentido haber madurado, el hecho de no haber nadie que me cuide o me ayude en los momentos más críticos  y que sólo puedo contar conmigo me hace cada día más fuerte y por supuesto muy orgullosa de mí misma.

A pesar de no ser una escritora, o alguien cuya autobiografía merece la pena ser publicada y leída , a pesar de quejarme de que las cosas muy a menudo no me salen bien o como quisiera, tengo que admitir que con tan sólo 25 años estoy contenta con lo que he vivido hasta ahora. A lo mejor algún día, dentro de quince, veinte años, escribiré una cuantas cosas más,  pero de momento hay que contentarse con este “poco”.

Nicoletta Scola



Autobiografías mínimas

Estoy en Madrid, desde hace un mes. Sí, en la capital de España, la que ahora me acoge es una de las grandes ciudades de Europa, la tercera, detrás de Londres y Berlín. El sol que tanto la caracteriza comienza a deslumbrar, la primavera con las alergias y las mangas cortas ha llegado como cada año, pero esta vez no estoy en mi casa con mi familia, ni en mi ciudad con mis amigos, estoy aquí, disfruto y aprendo con una beca de formación europea. Hoy es doce de abril de 2010, me llamo Giulia Storti y trabajo en una revista cultural, “Intramuros”. Para llegar aquí tuve que formarme en la Universidad de Parma y sobretodo aprender español, porque soy italiana, de Modena, de la región de la Emilia Romagna.

Los motivos que me trajeros son muchos y tal vez provengan de antes de mi nacimiento, con todo la razón por la que estoy aquí es porque amo España. Lo sé, Italia es la cuna de la historia, del arte, de la literatura, pero España es la emoción y esto, junto a su visión divertida y tranquila de la vida, me ha traido hasta aquí.

Antes que yo naciera ya estaba predestinada a venir. Mis padres pasaron la luna de miel en esta ciudad. Poco después nació mi hermano y trés años más tardes yo.

Era una niña tranquila, callada, observadora, llena de curiosidad. No era la típica niña que peleaba por montarse en todas las atracciones en los parques infantiles. Mientras mi hermano subía y bajaba de un columpio a otro a mi me gustaba mirar cómo se lo pasaban los demás.

Fui a un colegio privado, de carácter religioso. No tengo muchos recuerdos de entonces, nada especial, tal vez cuando preparábamos obras de teatro para las fiestas de fin de año y las cantidades de fotos que los padres sacaban enorgulleciéndose y afanándose en demostrar las virtudes de su criatura.

Estudié la rama de socio-psico pedagogía  en el instituto. Fue la época de la amistad, de las salidas con las amigas en vespa, de las noches en los pubs y de todo lo que se hace en la adolescencia, lo mejor, la excursión a Mikonos,  Grecia, cuando terminamos la secundaria. Aquí no existe, pero en Italia conseguir “la maturitá” es un acontecimiento en la vida de todo estudiante. Para los jovenes es una prueba, unos exámenes que te abren la puerta a la Universidad y, simbólicamente, el tránsito a la madurez. Para los mayores, cuando llega la época de estos últimos exámenes, es un recuerdo nostálgico de los tiempos sin problemas ni preocupaciones.

El cambio en la universidad fue muy duro. Vivía en Modena y  debía viajar diariamente a Parma. No tuve la oportunidad de vivir en un piso de estudiantes y todo lo que ello conlleva, salidas, fiestas, conocer gente, libertad sin tener que independizarte de tus padres. Los últimos años combiné mis estudios junto a un trabajo part-time que me salió en Modena y que me impidió ir a clase.

Pero no todo fueron obligaciones, además del trabajo y de la carrera acompañaba a una señora mayor a alimentar a los gatos abandonados, jugaba a fútbol y salía con mis amigas.

El fútbol ha sido siempre mi pasión, y no me conformo con ver los partidos. Hasta antes de dejar mi país he formado parte del equipo de fútbol femenino Maranello. Sólo en dos ocasiones de mi vida he dejado de lado mi afición, esta de ahora y la de hace seis años, en ambas por viajar a España.

Este primer viaje a la tierra de los toros fue gracias a la beca Erasmus y en Cáceres, Extremadura. Entonces aproveché para hacer todo lo que no había podido hacer por no residir en Parma. Viví en un piso de estudiantes, éramos dos italianas y dos españolas, más un amigo que no compartía piso, pero que pasaba más tiempo que nosotras allí. ¡Qué buenos ratos pasamos! Entonces el botellón todavía no era ilegal y hacíamos amistades en la Plaza Mayor, paseábamos por el casco antiguo, respirábamos aire puro de la montaña en la ermita de la Virgen de la Montaña...

En aquel invierno viajé mucho, conocí Mérida, Trujillo, Badajoz, Montijo, Salamanca, Granada, Madrid, Barcelona, Lisboa.  En fin, hice todo lo que suelen hacer los erasmus, esa nueva clase social creada por una beca europea que se dedica a abrir fronteras y mejorar las relaciones entre los paises comunitarios.

Después de la universidad me introduje en el mundo laboral. Comencé trabajando en la Ferrari en los sistemas informativos-administrativos, esto después de haber pasado por seis meses larguísimos moviendo mi currículo por todas partes y realizando una entrevista tras otra. Después continué trabajando en otra empresa, donde hacía de traductora, relaciones extranjeras, administrativo y comercial. Cuando la crisis golpeó a la economía italiana en la empresa redujeron personal, entre los trabajadores a los que no renovaron el contrato estaba yo, después de haber pasado nueve meses con reducción de jornada. Esto me hizo pensar en adquirir nuevas experiencias, no sólo laborales, volver a la fase de formación y buscar otras metas. Así que pensé aprovechar la beca Leonardo para regresar a España. Fue como azerar el contador y empezar de nuevo. De repente me sentí otra vez estudiante, como recién salida de la Universidad, cuando en realidad habían pasado más de tres años. Otra vez me tocó pasar por entrevistas y selecciones, pero con la diferencia que esta vez, el objetivo, era lo que de verdad me hacía ilusión hacer. Y aquí estoy. Otra vez en España, como predestinada, como antes de nacer.

donde quiero quedarme a pesar de la crisis. Espero no tardar seis meses en encontrar trabajo como en Italia y formar parte de una empresa en la que pueda dar todo de mí.

Giulia Storti