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Felisberto Hernández en las Tierras de la memoria

Si hablamos del género autobiográfico y de la fecunda relación entre escritura y memoria, no podemos no mencionar la experiencia, única y muy personal, que hizo con este binomio Felisberto Hernández. Quizás a muy pocos sonará familiar el nombre de este pianista y escritor uruguayo, considerado por la mayoría un narrador ingenuo, o mejor un músico excéntrico que vivía peregrinando con su piano por las ciudades uruguayas y argentinas. Sin embargo, no fueron muchos los que, en el campo literario, supieron pasear por las tierras de los recuerdos de una manera tan prodigiosa y familiar, convirtiéndolas en el principal motor de su escritura. A través de sus palabras la memoria se convierte, de hecho, en un verdadero instrumento de conocimiento humano: confiere continuidad a su vida, brindándole una imagen coherente del pasado que pone en una perspectiva diferente la experiencia del presente. Como las magdalenas de Proust, también en Hernández, una calle, un tren, un piano pueden encerrar recuerdos y hacer revivir mundos y sensaciones. De esta manera, sus narraciones toman forma a partir de pedazos de recuerdos que logran derrumbar muros que siempre fueron irremovibles y descubren caras de esprectros que siempre habían escapado a lo largo de los años.

Esta manera infantil de ver el mundo, antes de intentar entender cómo se ve desde el presente, logra sus máximos efectos y resultados en el largo e inconcluso cuento Tierras de la memoria, obra tan importante por el género de la autobiografia cuanto desafortunada por su recorrido existencial, hecho de segmentaciones, caprichos y disonancias.

Se puede, de todas formas, intentar trazar una especie de calendario de esta complicada carrera: el día 23 de junio 1944, algunos de sus fragmentos aparecieron en la revista “La Plata”; tre meses después, fue el turno de las páginas de “Papeles de Buenos Aires” e, ya en diciembre, una parte del mismo relato fue publicada en “Contrapunto”. Sin embargo, para gozar de la pieza en su totalidad se deberá esperar dos décadas después, cuando Tierras de la Memoria serà publicada postumamente y sólo en la primera edición de las “Obras Completas de Felisberto Hernández”, producida por la editorial Arca, en 1965. Una antología posterior de la producción de Hernández apareció en México en 1983, con el sello “Siglo XXI”. Bajo el título Tierras de la Memoria, esta edición recogìa en un única sección el homónimo cuento, junto a tres más, pertenecientes a los últimos veinte años de su vida.

El singular y desafortunado caso editorial de este relato se debe considerar a la luz del escaso interés que Hernández demostró, a su tiempo, hacia la difusión y el éxito de algunas sus obras y, sobre todo, hacia Tierras de la Memoria, por la cual él nunca se preocupó buscar un editor. Además, a través de la lectura de su correspondencia se puede descubrir que, al mismo tiempo, el autor uruguayo ya estaba trabajando para la redacción de otra novela/cuento y no parecía en absoluto preocupado en terminar Tierras de la Memoria ni en conferirle una estructura orgánica y definitiva.

En realidad, la misma obra parece esquivar la idea de una forma única y coherente: se trata de un verdadero flujo de conciencia, de una serie de anécdotas y recuerdos que el autor deja surgir a la luz y subseguir uno detrás del otro.

La ocasión es un viaje en tren, durante el cual el protagonista y narrador recuerda un viaje a Mendoza, en la ruta hacia Chile, empezado nueve años antes, a los 14 años de edad. El tiempo prensente se reduce así a lo que el protagonista transcurre dentro del vagón del tren y que se supone ser lo real.

Sentado en ese vagón y en compañia de un músico muy excéntrico, llamado “el Mandolión”, el protagonista sufre toda la melancolia y la angustia por haber abandonado su ciudad y su mujer, en busca de más felices oportunidades de trabajo. Se deja ir, así, a toda una serie de recuerdos ligados a su infancia y adolescencia y que giran, en particular, alrededor de tre actividades de paso: la escuela, las lecciones de piano y las excursiones en la cordillera de los Andes, junto a los scouts. Aparecen, por ejemplo, las imágenes de dos profesoras de francés y de las lecciones particulares que tenían en su casa con otros coetáneos. O, incluso, la descripción de su particular y muy personal relación con la música, escuchada y tocada: el instante en el que el autor y protagonista encuentra por primera vez la melodía que decidirá tocar, que él compara a una dama de la que tendría el privilegio de llevarla a su casa y encerrarse con ella «como si le hubiera detenido el paso a una mujer extranjera»; y el otro siguiente de la ejecución, durante la cual la pieza musical es afrontada y percibida como una «selva en la que entrar», una aventura increíble. Sigue, a continuaciòn, el recuerdo de su jefe scout, «un hombre bueno» que «siempre pensaba en el mal: usaba su inteligencia para preverlo». O también de la primera noche transcurrida en Mendoza con su propios compañeros de viaje, reunidos alrededor de una mesa, bebiendo y charlando, anécdota a la que se liga el descubrimiento de que, en esos momentos de confusión y agregación, durante los cuales los destinos parecen por un instante ablandarse y confundirse entre ellos, es posible que se pueda comprender mejor lo poco que lo seres humanos sepan uno de otros.

Pero aquella noche en Medonza fue también teatro de las primeras relaciones del narrador, no sólo con sus coetáneos sino también con el sexo opuesto, y de las primeras reflexiones sobre la relación entre cuerpo y mente: una «obligada convivencia» que lo exponía a toda clase de riesgos. Aflora así el recuerdo de los primeros acercamientos a las muchachas y de las consecuentes decepciones amorosas; la angustia para las cosas irrealizables, consecuencia de la imposibilidad de poner en práctica no sólo su propios deseos de niño sino también las buenas enseñanzas recibidas, destinadas a chocar con una realidad dura y violenta.

Estas y otras anécdotas de la adolescencia se suceden hasta el final del cuento, cuando el protagonista, encontrándose finalemente en el vagón del tren, se levanta y toma de su maleta dos cuardenos, escritos durante ese viaje hacia Chile. Se los había llevado consigo, cargando así toda su «historia escrita en un rincón de la valija» y ahora los revisaba «con el escrúpulo con que un médico examinaría a un hombre que se va a casar». Se encuentran, de esta manera, los dos viajes (uno de los cuales ya se había convertido en escritura, en sus cuadernos) y el momento de la narración: el cambio de vida que espera el protagonista, ahora que ha abandonado Montevideo y su familia, lo lleva a recorrer su pasado, lo más significativo, encerrado en sus cuadernos.

Este flujo de memoria, hecho de recuerdos que se encadenan uno tras otro, al cual es suficiente la visión de un objeto, una calle, un estado de ánimo para volver a vivir, «como si se hubiera producido una reecarnación» de ésos, parece tener una tendencia circular, que vuelve al punto en el que empieza, en un punto en el que el pasado y el presente coinciden. El relato se abre, de hecho, con las palabras del protagonista que declara haber empezado a conocer la vida «a las nueve de la mañana en un vagón de ferrocarril», el mismo tren que lo habría llevado en su segundo viaje, sin explicar cómo ni porqué. Lo hará sólo al final, declarando que el día de su salida a Montevideo, no sólo re-conocí la angustia otra vez más, sino también la conciencia de haberla llevado consigo para toda la vida.

 

 

 

Biografía:

Músico y escritor uruguayo, Felisberto Hernández nació en Atahualpa (Montevideo) en 1902. A los nueve años empezó sus estudios de piano, que profundizó más tarde con el profesor Clemente Colling, figura crucial en su vida. En 1914 se matriculó en la Escuela Artigas de Enseñanza Primaria. En el mismo periodo, formó parte de una asociación juvenil de boy-scouts, las Vanguardias de la Patria, con los que participó a numerosas excursiones a través de Uruguay y de los países cercanos. Empezó luego a tocar en varias salas de cine mudo, tarea que realizó durante diez años, también para enfrentarse a las dificultades económicas de su familia. Mientras tanto prosiguió con apasionamiento los estudios musicales, llegando a tocar hasta catorce horas diarias y convirtiendo una habitación de la casa familiar en un improvisado conservatorio. En 1925 se casó con María Isabel Guerra, una maestra que conoció durante unas vacaciones y con quien tuvo su primera hija, Mabel. Se divorció en 1935. Dos años después se casó con la pintora Amalia Nieto que le dio su segunda hija, Ana María. Mientras tanto, empezó a acercarse al universo literario con sus primeros trozos literarios, Fulano de Tal y Libro sin tapas, publicados respectivamente en 1925 y 1929. Prolongará su actividad musical hasta 1942, visitando como pianista itinerante varios pueblos de Uruguay y Argentina y llegando a tocar en importantes orquestas como las del Teatro Albéniz, en Montevideo, y del Teatro del Pueblo de Buenos Aires. Aunque la escritura eclipsó progresivamente su carrera de piansita, la música siguió viviendo en su narrativa, tanto en los temas evocados, como en la forma de contar, al sugerir emociones con palabras de cierta sonoridad y al construir partes de sus cuentos como variaciones de un mismo tema musical. Obra muy significativa en este sentido fue Por los tiempos de Clemente Colling, publicada en 1942, gracias al apoyo económico de varios amigos del autor. A pesar de los problemas económicos y sentimentales, entre los cuales la separación de Amalia Nieto, la publicación de El caballo perdido, el año sucesivo, animó su carrera literaria. Además de otras relaciones amorosas, siguieron, de hecho, diversas publicaciones en revistas como Papeles de Buenos Aires, Contrapunto, Escritura y el diario El Plata, que incluían también fragmentos de la inconclusa Tierras de la memoria y otros cuentos como Las hortensias (1949). Entre sus obras más importantes cabe destacar El Caballo perdido (1943) y La casa inundada (1960). Murió en el 1964 por leucemia.

 

Han dicho sobre él:

«Uno de los más importantes escritores de su país» - Juan Carlos Onetti

«Solitario en su tierra uruguaya, Felisberto no responde a influencias perceptibles y vive toda su vida como replegado sobre sí mismo, solamente atento a interrogaciones interiores que lo arrancan a la indiferencia y al descuido de lo cotidiano» - Julio Cortázar

«Un escritor que no se parece a nadie: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es un “francotirador” que desafía toda clasificación y todo marco, pero se presenta como inconfundible al abrir sus páginas» - Italo Clavino


Annalisa Rubino

 



Infancia, un sentimiento que no tiene tiempo (número 37)

Me llamo Simone Vazzana, soy un estudiante italiano de periodismo en la Universidad de Messina. He leido con mucho gusto el número de la revista Intramuros sobre el tema de la infancia. La revista cuenta a través de imágenes y memorias lo que han vivido los autores de los textos. Esto es un tema que siempre ha sido parte de la literatura en general. Porque es un tema común a todas las personas.

Todos hemos experimentado la infancia. Sin embargo, es una experiencia diferente: los olores, los sonidos y colores de vuelta en nuestra mente incluido cuando somos adultos. Este sentimiento se ve claramente en los escritores de los diversos artículos.

“La infancia se acaba cuando te enamoras: una vez sabido cual era el principio del fin, lo ùnico que querìa era dejar de ser niño”. Esta es la frase que abre el número de Intramuros.

Me gustó mucho la construcción de la revista, tratada en muchas facetas: la magia, el cine, los primeros ídolos, los antecedentes culturales. El hecho de que la infancia construye la formación de la personalidad. He leído los artículos y algunos me llamaron particularmente la atención.

El artículo de Horia Barna habla de la su vida como niño en Rumania, con su padre siempre a su lado (le enseñó a pintar, tocar la guitarra, jugar al tenis, la natación: sin videogames, un estímulo cultural increíble).

Después me gustó el artículo de Enrique Basla, sobre el barrio y su enfoque cultural centrado en el cine y la radio: dos medios de comunicación capaz de crear mundos a través de la imaginación.

En el artículo de Joseantonio Trujillo se habla de deporte y de la libertad. De trabajo en equipo, de respeto: valores fundamentales para el crecimiento de un niño.

Me llamó también la atención la descripción de Ivana Calceglia, sobre su pequeno país en el sur de Italia y la relación con su familia. Me acordé mucho de mi infancia.

Por último, me gustó la historia de Claudio Fabián Pérez Míguez, Reflexiones infantiles, que combina los recuerdos positivos, como su primera bicicleta, y los malos recuerdos, como el anuncio del golpe del '76 en Argentina.

Muchas formas de recordar, tantas vidas que contar. Una imagen de la sociedad muy rica que nos permite conocer la concepción de la infancia in varios paises y in varias epocas.

Simone Vazzana

 

 

 

Las enumeraciones

Se dice que es la época de la pureza y de los descubrimientos sin contaminaciones. Los autores piensan en primer lugar en aquello que resulta más fácil de recordar, como si se tratara de un juego en el que el psiquiatra te enseña una foto y tienes que decir la primera palabra que se te viene a la mente. Hablar de la infancia requiere un ejercicio de memoria para el que cuesta disponerse y muchos recuerdos escapan, pero las sensaciones quedan. Luego, ya se adentran en el remolino de las evocaciones.

Sus infancias son las enumeraciones de todas las cosas que crearon una huella indeleble, a pesar de la sucesión de los años. Es curioso descubrir cómo veinte autores distintos, de diferentes procedencias, tienen tanto en común en sus más tempranas vivencias. Coinciden en los recuerdos familiares, atentos a los padres y los abuelos, revueltos de hermanos y primos. O la emoción que les embarga ante la llegada del primer día de colegio. La mayoría tienen recuerdos de una sola infancia, finita; otros, como Castellani, vivieron más de una.

La familia, para todos, es el primer contacto humano; pero también la seguridad y la protección. Bajo el seno familiar los peligros quedan muy lejos, más allá del barrio. Es el núcleo central de la vida; todo lo demás, como el colegio o los amigos, son extensiones que se van alcanzando poco a poco. Las primeras experiencias, para muchos de ellos, están influidas por haberse visto acunados por una familia grande, que “más que extendida ya parece un pueblo”, diría Casey. Y otros que, a pesar de tener una menos numerosa, también cuentan con ese miembro que orienta todas las costumbres, como el hermano que será la guía de los descubrimientos de Ricardo Martín. Los padres simbolizan la autoridad, pero también la ausencia del miedo (así como los amigos representan el primer paso a la pérdida de la inocencia). Más o menos, coinciden estos veinte autores en una época en la que los padres dictan las normas de comportamiento y, excepto para los más traviesos, son quienes dan la autorización para jugar después de las tardes de estudio.

Aunque, sin duda, el miembro de la familia que más llama la atención es la bisabuela “pérfida” de Casey, que sienta a la niña en sus rodillas “para pedir en voz temblorosa que a su muerte rezara por su alma, pues el purgatorio la esperaba”. La bisabuela se temería lo peor, pero acertó, ya que al poco tiempo murió.

La mayoría tiene buenos recuerdos familiares, si acaso, los malos momentos vienen dados por las circunstancias políticas o económicas de un país, pero no por la familia. Las vacaciones, la vida diaria, las batallas de almohadas, el olor a manzanas verdes. Sólo Monteiro, medio en broma, mencionará que con la venida de su hermana, llegó su particular trauma, por ser “más bonita, vivaracha y graciosa” que ella (aunque suena más a tributo que a reproche).

El colegio trae las obligaciones, los deberes, los maestros, pero también los amigos por primera vez, el olor a lápices y los juegos. Las clases y los deberes se mencionan como una parte por la que necesariamente había que pasar, pero que era soportable gracias a los ratos libres, como los recreos, en los que se intercambian cromos y se comen chuches.

A Calceglia, el simple hecho de comprarse el delantal para el primer día de cole ya le suscitaba una emoción no experimentada con anterioridad. Y, además, las clases le brindaron uno de los mayores tesoros: una amistad de más de 23 años de duración. Soto también percibía con ilusión la idea “de saber que pronto acudiría a la escuela”. Aunque muchos se sentirán identificados con Barna y la sensación de abandono total que experimentó un día que fue el último niño en ser recogido del cole.

Normalmente, la infancia se relaciona con crecer en el pueblo o en el barrio, dependiendo de dónde viviera cada uno de ellos. Cada barrio tenía su peculiaridad, el tren que lo atraviesa, la gente del mercado o los niños de la calle que hacen más interesantes los juegos por la tarde. Así como el deporte favorito: el fútbol, presente en más de una y más de dos infancias (e incluso otros como el rugby, más exótico, y el kárate).

Eso sí, muchos, como Barna, señalan que son real life games, es decir, tenían contacto directo con la realidad y denuncian cómo ahora los niños lo están perdiendo, dejándose llevar por los videojuegos, los ordenadores y las tablets, fijándose en el ejemplo más cercano: sus hijos.

Pero no todo iba a ser estudiar la lección, porque el ocio también tenía su hueco en forma de literatura y cine. Llama la atención la cantidad de veces que mencionan a ambas artes como paradigma de la evasión de la realidad. Los libros ofrecían en la infancia el momento de vivir aventuras cuando uno estaba enfermo en cama y no se podía mover; también los riesgos de enfrentarse a los malos de la película, que siempre perdían la batalla frente al héroe (y eso estaba muy claro para la versión infantil de Durández), a pesar de que no ocurriesen en primera persona.

Para Claudio Fabián la infancia es una película antigua que no puede volver a editarse, donde conforme tenían lugar las cosas así era como se queda grabada. Pero además, añade, en la infancia siempre se gana, porque “las pérdidas son cosa de la madurez”. No se sabe el momento exacto en el que eso ocurre, aunque a Martín-Domínguez le chivaron que “la infancia se acaba cuando te enamoras” y él no podía esperar más ese momento.

 Nerea Campos

 

 

 

Número 21 Prima Persona - Parola d’Abruzzo

Comentario al número 21 de la revista italiana: “PRIMA PERSONA. Percorsi autobiografici”

(Primera persona. Senderos autobiográficos)

Título del número especial: “Parola d’Abruzzo” (Palabras de Abruzo) 

Número dedicado al seísmo que sacudió Abruzo en 2009

Año XI, número 21, septiembre de 2009

 

«El camino del alma: de como después algunos instantes en la vida, podemos  cambiar nuestra manera de pensar, de observar y de vivir, empezando la búsqueda de un nuevo camino….» (Mariarosaria Pistol)

 

1. Introducción

 

La fecha 6 abril de 2009 puede ser considerada como una fecha cualquiera del calendario por algunos, como un día importante o normal por otros, pero es también una fecha inolvidable para lugares y gentes, que vivieron  aquella noche el seísmo que sacudió la región italiana de Abruzo, destruyendo ciudades y pueblos en pocos minutos.

 

El número 21 de la revista “Prima persona” ha dedicado una edición especial a esta tragedia. La revista cuenta a través de imágenes y memorias, lo que ocurrió en abril y que todos hemos visto cada día a través de noticiaros y programas televisivos, pero debatiendo con un punto de vista diferente, nuevo, más cercano a las víctimas de Abruzo, porque son ellas las que hablan, las que recuerdan, las que hacen revivir a través de emociones  y palabras sus experiencias, temores, cerrando los ojos y dejando hablar el alma, casi marcando un camino…el del alma, que busca una nueva razón para enfrentarse a la tragedia y continuar viviendo, casi con obstinación.

 

El seísmo, así como cualquier tipo de catástrofe natural, deja en herencia a quien lo ha vivido la conciencia de caducidad de los seres humanos, una fuerte sensación de ruptura, entre pasado y presente y un sentimiento de vacío. La ruptura, es el propio leit-motiv de esta edición de “Prima persona”, una ruptura temporal y cultural, explicada gracias a fotografías, cartas, recuerdos, fragmentos de una tierra que el terremoto ha destruido en pequeña parte, porque queda la voluntad y la terquedad de vivir de una tierra que siempre ha sido ejemplo de fuerza y dignidad. Desde la sensación de pérdida, incertidumbre física y emotiva y búsqueda de equilibrio, nace la voluntad de escribir, para acercarnos a quien ha vivido la misma situación y para no olvidar.

 

La revista no solo comenta los sucesos ocurridos después del cambio generado por el terremoto, sino evidencia también el componente cultural, enseñando la manera en la que las personas reaccionan frente a  un evento que ha trastornado sus vidas.

 

Así, los artículos autobiográficos de la revista proponen una mirada diferente entre pasado y presente y dibujan ante nuestros ojos múltiples cuadros que corresponden a distintas maneras de enfrentarse a la pérdida de su propia casa, de su propia ciudad y de enfrentarse al cambio del tiempo y de la cotidianeidad. De esta manera, empezando a leer, encontramos distintos pensamientos y frases entre los que se destaca una:

 

Se puede empezar  a escribir por contagio del miedo y necesidad de contarlo”.

 

Esta consideración bien se adapta al tema de la revista porque después de un evento que cambia totalmente nuestras vidas, cada uno de nosotros reacciona a su manera, pero lo que hacemos todos, es comunicar lo que hemos vivido, hablando o escribiendo, guardando un contacto con la realidad. Las contribuciones autobiográficas que se proponen al lector, siguen un hilo conductor, “el cambio”, que nos lleva del primer artículo hasta al final.

 

2 Ignacio Silone: “Incontro con uno Strano prete” (Encuentro con un extraño cura)

            

La primera contribución es de  Ignazio Silone, titulada “Incontro con uno strano prete”, en la cual cuenta a través de los ojos de un niño el seísmo de la Mársica. Silone, huérfano y evacuado, tras haber perdido todo en el terremoto de la Mársica, nos describe una realidad nueva para él en la que se ve encerrado en un colegio romano dirigido por un severo ex comandante del ejército. Este joven observador se demuestra muy atento en el describir la fractura entre el pasado y el presente y más allá de su situación personal, de su sentimiento. Así, Silone cuenta que:

 

«…En aquel período, los coches que más a menudo se veían en las calles eran coches fúnebres. Además la mayoría de las tiendas vendían provisiones para tumbas y funerales…»

 

 

Tras intentar escaparse del colegio, la salida a esta situación se presenta para el joven Ignazio bajo la apariencia de un cura, él del título (“Incontro con uno strano prete), que se ha puesto a defender a los huérfanos producidos por el terremoto y los recoge llevándolos a la capital hacia otra vida, hacia una esperanza. Y al llegar a este refugio, en San Remo, se produce en él algo inesperado que el autor define como “un dolor completamente nuevo”, debido al nuevo lugar que describe así:

 

«…Para mi fue un espectáculo completamente nuevo, de inolvidable esplendor. Cada objeto resaltaba netamente en aquella luz de cristal. El paisaje era más bonito de lo que me esperaba; más bien, para mí, en el estado de ánimo en que me encontraba, era demasiado bonito. Por primera vez veía jardines de palmeras, paseos de mimosas, huertos de mandarinas y limones; plantaciones de claveles;…»  

 

Y lo que deja atrás:

 

«…Y mi pensamiento volvía al pueblo nativo, donde la gente pobre, que sobrevivió al derrumbamiento de sus propios tugurios, vivía en el barro, en las cavernas y en las chozas y por la noche tenía que mantener fuegos encendidos para defenderse de los lobos…»

 

Aunque esté experimentando una situación nueva y positiva, su pensamiento queda unido con fuerza al recuerdo de quien sigue en una situación desesperada, de gente a la que él pertenece y que pertenece a él. Esto es el signo más evidente del cambio entre su vida de ayer y la esperanza de hoy.  Es en este caso  que el cambio se produce en él mismo, bajo la forma de un dolor completamente nuevo.

 

3. Anna Ventura “Figli di carta” (Hijos de papel)

 

A continuación encontramos el artículo de la poetisa abruza Anna Ventura, “Hijos de papel”, constituido por una serie de extractos de los diarios personales de la autora. Sus “hijos de papel” se inspiran en su gente, en su cotidianeidad vinculada a la tierra. En este caso el cambio se produce en la autora misma, debida a sus ambiciones destrozadas por vivir en una tierra atrasada y provinciana.

 

4. Pasquale Morosini “Paesello” (Pueblito)

 

El hilo del cambio nos lleva luego a “Paesello”, artículo dedicado al pueblito abruzo de Pasquale Morosini, que nos habla de la emigración, erigida en una profesión para la gente de los Abruzos, la misma profesión que emprende el autor que así describe esta experiencia:

 

«(…) dejé mi casa para ir a conocer qué era en realidad el mundo, qué eran los sacrificios, qué eran los apuros, qué era la lejanía de su propia familia…»

 

5. Ada Concetta Gravante “Il marito incompiuto” (El marido incompleto)

 

En “Il marito incompiuto” de Ada Concetta Gravante encontramos las  dobles fracturas temporal y cultural que se abren a breve distancia de tiempo en el interior de la protagonista: ella, napolitana, abierta, culta e inteligente, que “miraba hacia adelante y hacía proyectos”, al casarse con un militar abruzo se enfrenta con una realidad femenina cerrada y medida por marido e hijos, “sin ideas ni deseos”. Por otro lado el cambio es provocado por la guerra, la Segunda Guerra Mundial, que le despoja de su hogar, de sus cosas y le hace suspirar “algo recuperaré, mañana salvaré lo que se pueda”.

 

6. Daniela Brighigni “Il cammino dell’anima” (El camino del alma)

 

Continuando la lectura nos enfrentamos con una contribución titulada “Il cammino dell’ anima” de Daniela Brighigni que sigue tres distintos recorridos de mujeres que viven la tragedia de la guerra, una fractura que no permite ver lo que hay mañana, si hay mañana. Sin duda no hay mañana por lo de ayer. En este artículo son los mismos puntos de vista que se fragmentan a través de las voces de Bianca Levi Zagari, Maria Dispenza y dos monjas, Stefania y Adalberta, forzadas a dejar sus casas y su convento hacia lo desconocido. Es interesante subrayar como estas mujeres reactúan frente a la nueva situación: a la pérdida de puntos fijos, de su cotidianeidad ellas responden con la inmediata búsqueda de nuevos puntos de referencia. Así, por ejemplo, Maria Dispenza cuenta que tras haber ofrecido a sus niñas una noche en un hotel para permitirles, por lo menos por una noche,  “descansar en un lugar cálido y limpio!”, enseguida las lleva a la casa de su padre, que aunque muy mayor, sigue representando para ella un elemento de estabilidad y seguridad.

 

7. Francesco de la Costa “Per tutti gli abruzzesi” (Para todos los abruzos)

 

Esta última reflexión nos permite conectarnos a otro artículo muy peculiar, escrito por Francesco de la Costa y titulado “Para todos los abruzos”. El análisis que Costa lleva a cabo se plantea el problema de la evolución, del uso y de la gestión del miedo hoy en nuestra sociedad y sobre todo en nuestra cultura: en lo específico se considera el uso que se ha hecho de la red social Facebook en los trágicos momentos del terremoto que ha sufrido la provincia de L’Aquila la noche del 6 de abril del  año pasado y en los meses sucesivos. Tras estudiar los grupos que se han formado inmediatamente después del terremoto y los comentarios de los usuarios, el autor llega a la conclusión de que en nuestra sociedad los puntos de referencia han cambiado frente al pasado.  Costa analiza todo esto en el contexto del terremoto de L’Aquila y observa que también en este caso al desconcierto inicial se le responde con una búsqueda de puntos fijos; puntos fijos que ya no so los mismos de Maria Dispenza en 1944, cuando la mujer, como hemos visto, acaba buscando la seguridad y el calor de una habitación de hotel y, luego, de la presencia de su padre; los puntos fijos en el marco del terremoto de L’Aquila son “los de su propio mundo” y por ello muy distintos: “el móvil, la televisión, el ordenador”. Es a través de estos medios modernos que hoy el miedo se concreta: la angustia toma forma en las imágenes de los telediarios, en la realidad virtual de Internet, en las palabras “gritadas” en los blogs con el uso de las mayúsculas, en las amenazas contra la amenaza, es decir contra el terremoto mismo. Es así que hoy en día respondemos al miedo: lo compartimos, lo ponemos en plaza y lo enseñamos a quien nos pueda comprender. Y la plaza de nuestro tiempo es la red global de Internet: allí buscamos solidaridad, ayuda y respuestas.

 

8. Loretta Veri “Una piccola morte” (Una pequeña muerte)

 

Continuando  la lectura, llama nuestra atención el artículo de Loretta Veri,

 “Una pequeña muerte”, que habla de su personal viaje a L’Aquila después del terremoto. Ver la destrucción, los edificios dañados, las tiendas de campañas y encontrar a las victimas del terremoto fue para ella una experiencia inolvidable.

 

Su artículo se focaliza sobre los cuentos de Nunziata Colaianni y Nicoletta Bardi, ambas victimas del terremoto del 6 de abril de 2009.

Nunziata vive en Onna, un pueblo cerca de L’Aquila. El terremoto se llevó trece de sus familiares y su gran casa quedó destruida.

 

«A este terremoto estábamos acostumbrados porque había sacudidas continuas. La de las once y media fue triste. Yo de hecho salí a la calle pero no vi a nadie. […].

Me quedé hasta la una de la tarde, más o menos, a ver la televisión. […].

De repente…una bomba atómica. Una bomba atómica. No se que pasó. Luego en la oscuridad, no encontraba una salida, todo estaba lleno de piedras.

Una pared del salón […] cayó, sentí como un estallido enorme dentro casa. […].

Las sacudidas me traqueteaban de un lado a otro porque fueron muchas, pero la peor fue una de las últimas, […] fue como un vórtice. Un vórtice que me hizo golpear contra una pared. Me encontré bajo una viga y allí me salvé.

Luego al final de la mañana llegaron un chico y mi nieto que me sacaron con una escalera porque las ayudas tardaban. […].

Cuando amaneció y ví  toda aquella luz dije: “Pues, ¿de donde llega toda está luz?”. Y me di cuenta que no quedaba nada. Estaba en el pasillo. No había nada,  ni paredes, ni techo, nada.

Fue suficiente un instante para eliminar mil años de historia. […].

Tenía una casa enorme, hermosa, donde había siempre sitio para los demás.[…]. Ahora no tengo nada.

 Perdí muchos primos...perdí trece familiares. Trece».

 

Nicoletta Bardi, en cambio, vive en Campo Centi Colella, un pueblo en la periferia de la ciudad. Tras el seísmo todos sus puntos de referencia desaparecieron, como su casa que creía sólida o lo que veía desde su ventana. Ahora el paisaje ha cambiado para siempre y lo que se siente es una pequeña muerte.

 

Al final, espontáneamente, también Nicoletta habla de aquella noche del 6 abril.

 

«Me levanté. Oí un ruido fuertísimo que es lo que da más susto. […] Parece como un trueno fuertísimo que llega desde lo bajo, sube por tus piernas, no lo sientes solo con las orejas sino también con tu cuerpo. Es una sensación muy particular. Luego este ruido aumenta su volumen porque se suma a todos los otros ruidos: las alarmas, los cristales que se rompen, los muros que caen, los gritos. Se sienten los gritos de la gente. Es un ruido hecho de mil ruidos.

Me puse un segundo bajo la viga de mi cuarto, luego fui a lo de mi hijo que tiene veinte años. […]. Lo abracé y le dije: “No te preocupas, ahora termina”. No terminaba, pero, seguía. […].

Esperé que se acabara. [..] Luego fuimos a la plaza. Aquí se apagó la luz. Me acuerdo que la gente gritaba. Llegaba gente llena de polvo».

 

Luego las palabras de la periodista Loretta Veri:

 

«Me parecía raro. No me lo podía creer. Fuimos en coche hasta la periferia y vimos algunas casas dañadas, pero no me parecía muy grave. […] estaba una televisión encendida. Vi las imágenes que habían registrado durante el día con el helicóptero y vi todas las iglesias destruidas, […] rompí a llorar…Ahora tengo un único pensamiento: Abruzo es la región del corazón, visitar a estas personas ha sido un tributo».

 

 

9. Anna Luso “Lottare per vivere” (Luchar por vivir)

 

Por último llegamos a la contribución de Anna Luso, titulada “Luchar por vivir”. Destacamos los siguientes textos:

 

“es una sensación muy rara, porque ves cosas que nunca hubieras podido pensar que podían desplazarse, animarse. Moverse, oscilar, volcarse.

 (..) La verdad es que la primera sensación que tienes es de maravilla, maravilla por algo tan grande. Luego se cae una casa. Después...”… “¿Todo se ha pasado? El primer instinto es de empezar a correr, correr, correr. Correr hasta ver el final de la ciudad, más allá de la periferia, de la casa más pequeña, para encontrar un lugar de paz, seguro, donde nada pueda caer  al suelo. Es de noche. Hace frío. Todo es muy raro. Y de repente se oyen los primeros lamentos. Nuestras manos empiezan a buscar entre las ruinas. Alguien pide a gritos que se quiten con cautela, poco a poco, para evitar otros derrumbes. Yo quisiera arrastrar  todo con la fuerza de la desesperación que llevo dentro.

 (..) Ningún superhéroe, ni siquiera héroes, solo desesperados. No tengo mucho más que perder. Lo que más me importa ahora es: cómo y dónde comer, cómo y dónde dormir.  Cualquier otro problema me parece tan ridículo”.  (Emiliano Dante). 

 

Anna Luso concluye diciendo:

 

 “No hay ningún final para todo esto, hay demasiadas señales negativas para que se pueda imaginar el final de esta historia”.

 

10. Reflexión final

 

Siguiendo los textos hemos hablado de un cambio más general, no solo relacionado al terremoto sino a todos los eventos que pueden cambiar nuestro destino. Así nos hemos enfrentado a cambios debidos a calamidades naturales, o a veces debidos a acontecimientos ocurridos por voluntad de los hombres como guerras, o también a cambios de  vida como consecuencia de un cambio de país para buscar un trabajo, para una boda, por ambiciones no realizadas. Cuando la serie de contribuciones se acaba la imagen que se dibuja en nuestra mente es como la de un cuadro de Picasso: …caras, manos, cuerpos que se enfrentan, que caen…miradas que se cruzan con los ojos que observan…gritos que llegan a las orejas de quien escucha…pérdida, huida, lágrimas…luz y oscuridad….

 

Todo lo que hemos dicho hasta ahora, no pretende ser la misma serie de comentarios sencillos y muchas veces repetidos, que conciernen a este tema. Ni siquiera los diarios de Prima persona, pretenden ser lecturas representativas del dolor de mucha gente. Estas consideraciones tienen, en verdad, valor de testimonio, para  destacar que se puede  superar el dolor y el miedo, buscando un nuevo camino, una nueva patria cultural, la del alma, que es sinónimo de refugio, consolación y reconstrucción.

 

 

Mariarosaria Pistol (coordinadora)

Roberta Bonasera

Maria Cristina Di Rocco

Marylina Puglisi

  

 

Ficha técnica:

El trabajo realizado consistió en la selección de textos, su traducción y su comentario.

Mariarosaria Pistol ha coordinado la tarea en general y ha trabajado sobre los textos  “Hijos de papel” de Anna Ventura; “El camino del alma” de Daniela Brighigni; “Para todos los abruzos” de Francesco Della Costa.

 

Roberta Bonasera ha trabajado sobre el texto “Luchar por vivir” de Anna Luso.

 

Maria Cristina Di Rocco ha trabajado sobre los textos “Encuentro con un extraño cura” de Ignacio Silone; “Hijos de papel” de Anna Ventura; “El pueblito” de Pasquale Morosini; “El marido incompleto” de Concetta Ada Gravante; “El camino del alma” de Daniela Brighigni;  “Para todos los abruzos” de Francesco Della Costa;

 

Marylina Puglisi ha trabajado sobre el textos “Una pequeña muerte” de Loretta Veri.

 

Beltrán Gambier ha colaborado en la traducción al español de este texto.

 

  

 

Comentario al numero 20 (Anno X) de la revista italiana
Prima Persona – Percorsi Autobiografici (Primera Persona - Recorridos Autobiográficos)
dedicado al tema 
Mal Malestar Enfermedad (malemalesseremalattia)

 

La revista italiana Prima Persona dedica en este número su atención a la triada Mal Malestar Enfermedad para demostrar como el dolor del cuerpo es también dolor del alma.

 

Al mismo tiempo a través de la lectura de estos recorridos autobiográficos se intenta enseñar como, a menudo, las historias de enfermedades hacen emerger particulares fuerzas y determinaciones tal vez inesperadas. Lo que quiere expresar este número es como el sufrimiento se utiliza como camino para descubrir lo que se tiene en la interioridad: una fuerza que el individuo no conoce en su vida cotidiana.

Además, y sobretodo el particular intento de estas voces es mostrar como el escribir es una práctica con finalidad terapéutica y en que medida es valida. en este número se sobre si la escritura es catártica o no.

 

En el primer artículo el autor - Corrado Sannucci - se pregunta si escribir en un folio blanco “me muero” es un acto animoso. Puede ser. Pero se pregunta también si es un modo para el enfermo de ver la realidad con claridad o para alejarla a otro lugar. Sin duda no se trata de una cuestión fácil a desentrañar, porque es un terreno rico en ambigüedad y hasta en hipocresías. El autor rechaza el mito de que se dice la verdad cuando se está al borde de la muerte, porque siempre se miente.

 

Sería mejor usar la palabra “honestidad”. Corrado Sannucci dice como en la experiencia común escribir de la propia batalla es un pasaje a otra escritura. Las historias autobiográficas son, entonces, trozos de un puzzle más grande, son historias abiertas a la búsqueda de si mismo y también de los demás, porque los enfermos entran y  alteran la vida de quien los circunda.

Lo recurrente en estas voces es la idea de que el male di vivere opera como herramienta que cierra la mente y el cuerpo en un espacio metafísico oscuro y estrecho.

 

La condición existencial de Santuzza Lischi Coradeschi se anima por la memoria de los años de supervivencia a diario, hecha también de depresión que limita el vivir mismo. A ella le pareció que nunca en su vida había estado feliz, cada día esperaba la noche para dejar sus inquietudes. Después de 18 años Santuzza se despierta y toma conciencia de que todavía puede vivir en plenitud su vida.

 

Para Bruno Bonifacio escribir fue sin duda una terapia para luchar contra su mal interior y, además, para luchar contra la soledad. Bruno explica como al fin de su diario llega a la conclusión de que vivir no es sólo comer y dormir: vivir es hacer algo y para Bruno vivir fue escribir.

 

La vida de Giuseppe Vizzinoni cambió a causa de un accidente de moto ocurrido cuando tienia sólo diecinueve años: su biografía parece un guión cinematográfico, recalcado por recuerdos recientes. Un día lluvioso que nunca olvidará porque fue el trágico viaje que lo llevó a los veinte años, a despertar con una manta de dolor que lo mantuvo aferrado agarrado a la esperanza de caminar otra vez. Año tras año toma cuerpo la conciencia en el de que nada será más como antes y la esperanza deja lugar a una rabia mal ocultada, una rabia contra el mundo que mira hacia el pasado.

 

Berenice en sus cartas para la familia cuenta el lento calvario que la llevará al final de su vida, sola sin el calor de los padres, ingresada en un hospital lejos de su casa en los años de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo en sus palabras emerge el carácter de una mujer fuerte con una esperanza inquebrantable animada por una fe que le da una fuerza sobrehumana para sobrevivir a la que ella llama una “vida cómoda” hecha de rutina y soledad.

 

Escribir memorias de la enfermedad, para Violetta Calanca, enferma de un mal a la piel, reorganiza y da nueva forma a la experiencia desoladora que oscila entre las ganas de curarse y de abandonarse. Nueve años vividos entre las clínicas y la cama de su casa. La única persona que nunca la dejó es su anciana madre, los demás no querían hacer proyectos con ella y con  su piel cadente. Es un dialogo interrumpido con el mundo, que no entiende y que no quiere escuchar el sufrimiento.

 

Stefania Sabbadini es la autora del libro “Trenta Chili”, una historia de una anorexia que hunde sus raíces en un abuso sexual ocurrido en el seno de su familia. En este caso la escritura opera como posibilidad para dilatar la identidad en la cual había consumido su existencia. Con la palabra “fin” empieza otra historia y después de veinte años de no hacer nada. Stefania explica como la enfermedad es un don que crea uniones y relaciones: su rechazo por la comida también nace de una relación incompleta con la madre que no le ofrece las atenciones que su enfermedad necesita desesperadamente. Parece muy claro que los síntomas de la anorexia producen sobretodo la oportunidad de sustraer el cuerpo al dolor de la relación con los demás: tiene gana de desaparecer, de ser invisible. El no comer es una herramienta de control de las relaciones.

 

Lo que aparece muy claro, al final, es que para casi todos los personajes de estas historias contar y escribir es un modo para tomar conciencia de su propia enfermedad: como una luz que permite ver la calle de la curación.

 

Maria Lisa Dones

 Universitá di Palermo

 

 

 

Fragmentos en primera persona (Stefania Sabbadini) pertenecientes al libro “Treinta Kilos” (Trenta kili) escrito por Stefania Sabbadini y Luana De Vita, extraídos del artículo “Las armas de los débiles” (Le armi dei deboli) escrito por Antonieta Di Vito,  que comenta el libro, publicado en  el número 20 (Anno X) de la revista italiana Prima Persona – Percorsi Autobiografici (Primera  Persona - Recorridos Autobiográficos) dedicado al tema Mal Malestar Enfermedad (MaleMalessereMalattia)

 

 

“…después de treinta y seis años he empezado a ser yo misma, por primera vez, soy yo misma de verdad, con nombre y apellido.

Después del fin empieza otra historia”

 

***

“No había transcurrido ni un año sumergida en la actividad extenuante de prepararme para la hora de la siguiente comida y no diez, sino veinte larguísimos años fueron los que transcurrieron simplemente sin hacer nada. Completamente inmóvil en el mismo lugar, en el mismo sitio, a cualquier hora del día, en cualquier momento de un año cualquiera, indiferente al pesado pasar del tiempo”

 

Y todos los años transcurridos como si estuvieran quemados, “como si fueran calorías para gastar” están ahora entregados en estas páginas (el entrecomillado pertenece a Stefania Sabbadini)

 

***

“Perdía peso y fuerzas, cada día que pasaba se llevaba consigo un poquito de mi energía pero también de mis nauseas, casi había alcanzado la perfección en mi visión personal del sueño: evitando comer evitaba vomitar”

 

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“De cualquier manera, hiciera lo que hiciera en la escuela yo era la mejor de todos mis primos. Simplemente, no era sólo capaz, sabía que ir bien en la escuela significaba demostrar algo a mis padres, que no tenía nada que ver con la escuela, sino con la familia. El ser buena en la escuela significaba hacer lo mínimo para demostrar a todos que mi familia era perfecta...”

 

***

“...no había captado bien el significado de la demostración  de control en relación a los demás, hasta aquel momento me había parecido una estrategia muy útil para la repulsión que sentía hacia mí misma y no entendía qué relación tenía la admiración exterior con mi náusea”

 

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“Controlando lo que comía, controlaba la flaqueza de mi cuerpo, hubiera podido controlar la manera en la que los demás me miraban y nadie nunca hubiera podido reconocer la ropa barata de la “borgata” que llevaba, la baba de tío Ninni, la hipocresía de mi familia”

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“Ya era muy buena en la escuela, podía ser aún más buena, y podía evitar engordar, incluso podía adelgazar más, y aún más, casi tanto que el universo entero reconocería en esto mi valor”

  ***

“...esta nueva forma de mi cuerpo me gustaba, parecía así cumplir un viejo proyecto: no convertirme en mujer a pesar de la regla que había invadido mi vida como una de las peores  transformaciones ineludibles”

 

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“Con el pasar del tiempo me parecía siempre más difícil estar con los demás, en realidad intentaba evitar cualquier discrepancia...”

 

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“…parece una paradoja pero trabajar sobre la biología de los alimentos me daba seguridad, así como era tranquilizador hablar de comida o incluso cocinar, eran la otra cara de la moneda, de la misma moneda.

Cuanto más hablaba de esto, cuanto más estudiaba esto, más fuerte me sentía, tan fuerte como para evitarlo”

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“Había algo de magia en la enfermedad, una manera especial en la que mi madre tendía a ocuparse de mí, como si por fin algo que me afectaba le importase de verdad”

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“Se acabó otra página que pasar. Esta vez mi estomago se contrae malamente, no consigo beber ni una gota más de zumo de naranja”

 

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“De lo único de lo que estoy segura es de mi inferioridad en relación a los demás. Debido a esto lo único que he sabido hacer bien ha sido transformarme en un esqueleto y en consecuencia esto es lo único que sé hacer bien”

 

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“Siento el deber de desaparecer, el deseo de ser invisible toma la delantera sobre cualquier otro artificio, quisiera vomitar y llegar a ser invisible”

 

***

Junto al rechazo de la comida, la renuncia, la distancia (“la distancia, mi arma secreta”) llegan a ser instrumentos de control de las relaciones: “el renunciar no me ha dejado ver todo lo que valía de verdad...” (el entrecomillado pertenece a Stefania Sabbadini)

 

 

Traducido por Donatella Di Candia

Università Orientale di Napoli