Berlín

 

Nacido en Kaujbeuren (Baviera) en 1929, su vida es, como su obra, intensa, apasionada, itinerante. Impulsor del llamado 68 en Alemania, buen conocedor del marxismo, desencantado de todas las revoluciones que no fueron, errante por diversos continentes y geografías, personalidad fáustica, y, sobre todo, quizá, como ha dicho Mario Vargas Llosa, incansable y tenaz "agitador de conciencias".



Hans Magnus Enzensberger

El Premio Príncipe de Asturias 2002 es, para decirlo pronto, un escritor total, sumamente culto y versátil, con miles de páginas publicadas. Poeta, ensayista, autor teatral, narrador, profesor, lector y traductor de otros poetas -entre los de habla castellana, César Vallejo, Alberti-, creador de publicaciones de referencia hasta el día de hoy -la revista y la editorial Kursbuch-, guionista radiofónico, autor de piezas para el cine ... Mezcla estupenda de "reportero" intelectual, inquieto y vitalista, agudo crítico de la cultura e insobornable pensador que reflexiona con lucidez sobre los problemas teóricos y los acontecimientos políticos más significativos para nuestras sociedades de hoy.


Recientemente ha declarado que la poesía es el núcleo de su obra. Y, sí, Enzensberger es un gran poeta, de amplia y profunda inspiración: moral, épico y cívico, en la estela de Bertold Brecht, como revela el impresionante poema titulado El hundimiento del Titanic, subtitulado, por cierto, "Comedia", con Dante y la suya, la "Divina", al fondo. Pero también puede ser en ocasiones un sutil poeta lírico -estoy pensando como muestra en, sin dejar de ser cáustico, su tan evocador libro Más ligero que el aire.


Un poeta, un escritor que siempre, tanto en la poesía como en la prosa, "quiebra" los llamados géneros literarios, cruza transversalmente sus fronteras, escribiendo, al igual que piensa, con nerviosismo ágil, a modo de zigzag; palabra esta última que da expresivo título a uno de sus más recientes libros de ensayos sobre cuestiones de actualidad muy viva.

Dice no ser novelista pero sin duda es un original narrador. Y, de todos modos, jugando como gusta con la paradoja, ha llamado "novela" a su obra -biográfica- sobre la Vida y muerte de Durruti, bautizada por él con el si es no es añorante título El corto verano de la anarquía. Se trata en efecto de una obra escrita a varias, a muchas voces, desde múltiples perspectivas, con innumerables fragmentos de los coetáneos del líder, correligionarios que lo admiraron y.algún que otro adversario, testigos españoles de primera mano y unos pocos corresponsales extranjeros, entre los cuales destaca por su calidad y perspicacia crítica la escritora alemana Simone Weil. Tenemos ocasión de leer también en estas páginas a la sobria compañera francesa del guerrillero, y, sobre todo, escuchamos algunas de las palabras políticas más reveladoras del propio Buenaventura Durruti, en diferentes versiones de sus discursos más encendidos. Y, en fin, como contrapunto antirromántico, enfriador, encontramos los "comentarios"-siempre intencionados- del Enzensberger hacedor de ese iluminador "collage".


Pero, pese a ellos, es este un libro apasionado, emocionante, caleidoscópico e, inevitablemente, como todos los suyos, crítico, desmitificador del legendario revolucionario leonés, adorado en su día por muchos, demonizado todavía por los más. Aquí se nos ofrecen diversas visiones del personaje, con sus deslumbradoras luces y sus opacas sombras, algunas, como la de su muerte, nunca disipadas. En fin, para los nostálgicos o creyentes aún en la figura y el sueño libertario de Durruti, El corto verano... es, implacable, el libro de la derrota del héroe y de lo imposible de la utopía anarquista. En definitiva, un libro lúcido, sin resquicios para la complacencia, pero, por lo mismo, devastadoramente melancólico y triste.


Un libro que, además de reflejar el interés y el conocimiento de Enzensberger acerca de las cuestiones españolas, y en particular, de la Guerra Civil, pone de manifiesto cierto modo de hacer literario del escritor. Libro coral, polifónico, cuyo ensamblaje va tejiendo un texto contradictorio a veces, complementario otras, inacabado siempre, que, en el límite, "obliga", hace que sea el lector, la lectora, quien extraiga sus propias conclusiones, quien termine, leyendo, de hacer ese texto. Así, en el hueco del desaparecido Autor, comparecen múltiples y diversos "coautores" que lo cuestionan y complementan con sus réplicas.


Enzensberger

Esta técnica, este "juego" de variaciones, lo emplea Enzensberger en otra de sus obras, a su modo también "biográfica", ¡Europa, Europa! -así, ironizando, entre grandes admiraciones-, definida por él como "Reportaje ideológico". Obra hecha esta vez de conversaciones habladas, en diálogo y discusión con interlocutores representativos de los diferentes países visitados.


Siete países que, si se quiere, salvo Italia, son todos, por decirlo así, periféricos, aunque singulares o "diferentes" por su "tipismo". Pues bien, precisamente lo que hace Enzensberger es preguntarse, y preguntar por ese supuesto tipismo, para entre todos, junto con los lectores, tratar de esclarecer si los tópicos, los clichés, los estereotipos, la ancestral idiosincrasia atribuida, se confirman o se desmienten. Si, con el paso del tiempo, esos rasgos y aquellas tradiciones siguen aún ahí, perduran, o han desaparecido y quedado obsoletos. Entre los países sometidos a este desmontaje de su "leyenda" se encuentra, naturalmente, España, y también Portugal. Pero, claro está, ninguno de los tres considerados "grandes".

Este tipo de "reportaje", de un cierto sesgo antropológico, constituye, por decirlo así, el sello, la marca de fábrica de una parte de la escritura de Hans Magnus Enzensberger. Me refiero al ensayo, más cercano en él al artículo periodístico que al erudito estudio académico, aunque por la singularidad de su enfoque, la relevancia de sus temas y la amplitud de sus conocimientos, se distancie abisalmente del periodismo al uso, para aproximarse, en cambio -así en los Diálogos entre inmortales, muertos y vivos-, a otros diálogos filosóficos, los de ascendencia socrática e ilustrada-. Un ensayo, el suyo, siempre ágil, irónico, suscitador, certero y ajustado en el pensamiento y en la expresión, inmerso en lo que ocurre en el presente aunque con la mirada alerta hacia el futuro. Y sin quedarse nunca "fijado" en la disciplina o el género. Al contrario, Enzensberger transita, lúcido y avisador, entre el tiempo de la vida, la muerte, el pasado y la historia; entre la sociología, la ética y la política -los medios, la moda, el consumo, las guerras, las de antes y las de hoy, las dictaduras, todas, en concreto, algunas latinoamericanas (El interrogatorio de La Habana ) -; y, últimamente -más "raro" todavía-, tampoco le son ajenas ni la matemática ni las ciencias. Por eso, y para terminar, no me parece exagerado decir que su recientemente traducido al castellano El diablo de los números es, como su obra entera, una maravilla de inteligencia, de comunicabilidad, de estímulo intelectual y, sí, también, de poesía.


Decreto de aplicación
DEL ARTÍCULO 5, PÁRRAFO 3 GG
& 1. El arte es libre.
& 2. Se prohíbe al artista
ser inofensivo, discreto,
buen marido
con ingresos regulares.
& 3. El artista está obligado
a ser insoportable.
Con sus intervenciones
como aguafiestas asocial,
mártir ofendido,
náusea legendaria,
tiene que molestar, aburrir
y distraer a inofensivos, discretos,
buenos maridos
con ingresos regulares,
toda una vida.

Más ligero que el aire (fragmentos)

Más ligero que el aire,
como la preocupación olvidada
y el humo azulado
del definitivamente último cigarrillo,
es, claro, el yo
y, según sé,
sube el olor de la víctima del incendio,
que tan propicia es a los dioses,
siempre hacia el cielo.
El zeppelín también.

Así y todo mucho se queda
en suspenso.
Lo que tiene un peso más ligero es tal vez
lo que queda de nosotros
cuando estemos bajo tierra.

Del libro Más ligero que el aire, Ediciones La Poesía, señor hidalgo, Barcelona, 2002 Traducción del Alemán: José Luis Reina Palazón

 

Magdalena Mora es licenciada en Filosofía y doctora en Literatura.